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Del vagón lleno al corazón roto

Por: Vicente Bloise

El detalle de una mirada fija y dos personas que se dan un beso en la mejilla son gestos de cada día en la ciudad… Una persona camina hacia atrás… ¿Qué observa? Rápidamente revisa su smartphone y en la red social de los amigos se entera de que alguien que estudió con él hace años está “comprometido con”. Ummm, mejor guarda su celular antes de entrar al Metro, por si acaso…

Mucha gente en la estación Tobalaba. Sentía que una ola lo llevaba al vagón, y ante un vistazo se dejaba guiar. De pronto se tropezó con otra persona. Ambos en la misma dirección sin importar empujones, garabatos y malos olores. Su sonrisa lo delataba. Obvio que existía algo de complicidad. Intencionalmente se acercó hasta rozar su mano con la de una extraña, que temblaba en medio de ese vaivén por Los Leones.

Llegaron a Universidad de Chile y apretó su mano como si quisiera decirle “Disfrútalo un rato más”. Su curiosidad aumentaba y con valentía preguntó la hora porque no traía consigo reloj. Era la excusa adecuada para escuchar de su boca: un cuarto para las ocho. Al salir de la multitud de la estación en La Moneda lo siguió hasta intercambiar números telefónicos. Se conocieron por mensajería instantánea, luego videollamada que se caía por su pésima conexión a internet; días después le pidió el email. Nunca revisó sus demás redes sociales.

¿Raro, no? Por asuntos laborales dejaron de escribirse y pensó: – ¿tan mal la pasaste en el viaje? – . Por fin se citaron en el mall frente a su casa. Ese día llovió, sin embargo, no fue impedimento para conocerse. Y así fue por varias semanas, tiempo suficiente para entrar en sus rincones favoritos y que ella descubriera los suyos. Una noche, con frío maximizado y la distancia de los computadores, en un encuentro a través de las pantallas recibieron el nuevo año. De repente, con la seriedad que lo caracteriza, hizo una pregunta inesperada: – ¿Qué quieres? – Su respuesta fue: – Nada -. No supo si se apresuró. Aún recordaba ese 1 de enero:

“No supe apreciar detalles, instantes de felicidad que no regresan. Es una manera de ser que transita las vías de mi corazón como si quisiera prevenir retrasos en el vagón de mi mente”. Lo escribió en su red social de la amistad después de vivir esa pesadilla. Y el texto continuaba: “Sé que cometí la peor falla: librarme de todo lo que pude aprender con esa experiencia. Quedo con la duda de saber qué más te gusta; qué te enfurece y qué te hace sonrojar. No me di tiempo. Solo queda aprender a conectar mi mente con mis sentimientos para andar con seguridad en el camino al amor. Cuando llegue ese momento tendré la fortaleza que necesito para volver a empezar y hacer de la fantasía mi propia realidad”.

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