Por: Aníbal Molina
Siempre hay lugares a los que queremos viajar. Cuando es verano, siempre queremos viajar a la playa, a un lago, o incluso al bosque. También hay viajes que hacemos a un campo o parcela, o a la casa de algún pariente, ya sea un(a) tío(a) o un(a) primo(a). Pero ¿por qué viajamos? Hay múltiples razones: estamos de vacaciones, queremos alejarnos de la cotidianidad y, algunas veces, escapar de nuestros problemas. Pero muchas veces, estas oportunidades pueden no darse por distintas razones: falta de tiempo o de dinero, pero las vacaciones es cuando más uno aprovecha el momento de hacerlo.
Viajar para alejarnos de todo quizás no sea la mejor alternativa, pero muchas veces sirve para refrescar nuestras ideas y sentirnos más descansados. También a veces queremos viajar para conocer un nuevo lugar que nunca habíamos visitado o que hace tanto tiempo no visitábamos, por ejemplo la capital. Muchas veces uno prefiere quedarse en casa, pero cuando se presenta una oportunidad de viajar, siempre hay que aprovecharla.
En lo personal, en el último tiempo, me ha motivado viajar a nuevos lugares. Algunos de ellos son Malalcahuello o Laja, incluso una parcela cerca de Quepe o que hace mucho no visitaba, como Lican Ray o Santiago. Hay lugares que no recuerdo específicamente de aquellas ciudades o pueblos, pero siempre que viajo, se me vienen a la mente recuerdos.
Siempre recuerdo que a donde íbamos recurrentemente con mi familia eran Mehuín (el pueblo costero que queda cerca de Valdivia, en la Región de los Ríos) y Pucón (aquel lugar turístico en las inmediaciones del Lago Villarrica). Siempre ir a los mismos destinos aburría a mis hermanos. Puedo sentirme responsable de ello, pues no me atraía ir a destinos nuevos en aquel entonces, esa costumbre de no querer salirse de la zona de confort. Pero al crecer, uno se da cuenta de que repetir aquellos sitios era demasiado rutinario, por lo que cada vez que se presenta una oportunidad de viajar a un nuevo destino, siempre hay que aprovecharla.
Yo no viajé ahí, pero mis padres fueron una vez a Isla de Pascua o Rapa Nui. Sacaron muchas fotos. Al verlas, quedé maravillado con lo paradisiaco que es todo. No sé si estará en una lista que algunas páginas o blogs indican que son lugares que uno debe visitar antes de morir, pero si se llegara a presentar una oportunidad de ir ahí, la tomaríamos. También tomaríamos la oportunidad si se presentara la de viajar a otros países, como Estados Unidos, Japón, México, Francia, entre otros.
También están los paseos de curso en el colegio. Recuerdo que había paseos de cursos donde viajábamos a destinos dentro de la misma ciudad de Temuco o fuera de la ciudad, siendo quinchos, parcelas, parques acuáticos, etc. Y después hay balnearios como Lican Ray o Pucón, que uno ya ha visitado. Para tercero medio (el penúltimo año de escuela o colegio antes de entrar a la universidad) está la tradicional gira de estudios, donde está la oportunidad de viajar afuera del país. Sin embargo, no tuve esa oportunidad, debido que en aquel entonces, la mitad de mis compañeros estaban en peligro de repetir el curso.
Pero lejos de eso, el viajar siempre te da la oportunidad de conocer nuevos lugares, o conocer en persona a contactos o amigos que tienes que viven ahí, e incluso hay quienes tienen (como dice una canción) su “loco amor de verano”.
Así que siempre hay que aprovechar las oportunidades de viaje cuando se presentan.











