Por: Aníbal Molina
Como saben, hace dos semanas nos fuimos de vacaciones. Viajamos a la capital de Chile, Santiago, donde hicimos grandes recorridos. Si bien habíamos ido a Santiago antes, esta vez resignificamos nuestra experiencia. Pues visitamos lugares que antes no habíamos conocido, pero que en el último tiempo supimos de ellos gracias a que creamos la Comunidad Nelumbo. También conocimos a personas que solo conocíamos de manera virtual, pero que también conocimos con la Comunidad.
Fuimos recibidos por la tía de Felipe. En nuestro primer día, nuestra primera visita fue a la tienda de Patricia Carrión, aquella que nos otorga los elementos necesarios para nuestra terapia de Flores de Bach. Inmediatamente después, nos fuimos a la Casa del Cuenco. Una de las cosas que más tenemos son cuencos tibetanos, cuyo sonido es muy relajante. Al entrar a la Casa del Cuenco, tuvimos una gran experiencia: nos conectamos personalmente con aquellos cuencos que pensábamos que son lo que más necesitaríamos. Quien nos atendió se notaba muy espiritual y conocía cómo es que nos podemos conectar.
En la tarde, después de almorzar, nos fuimos al mall Parque Arauco. En el camino, me impresionó la cantidad de edificios altos, o rascacielos, que existía en el camino, algo que no se ve aquí en Temuco. A veces impresiona las cosas que uno no puede encontrar en la ciudad que uno vive, sobre todo cuando no es la capital del país. En aquel centro comercial, nos perdimos. No sabíamos por dónde salir, hasta que encontramos al fin la salida.
En nuestro segundo día, paseamos por diversos lugares en un centro comercial que habíamos visitado antes, el cual era el Eurocentro. Para nuestro tercer día, con la tía de Felipe y sus primas fuimos a la quinta región. Comenzamos en la comuna de Casablanca, donde almorzamos en un lugar mostrado por televisión llamado Taberna La Breva. Vimos animales que yo al menos no había conocido en vivo y en directo, como una llama y una cabra. Luego, fuimos a Viña del Mar y Valparaíso. Quedé impresionado al conocer al fin el Reloj de Flores y el puerto donde había demasiados barcos, ya sea algunos cargueros y a lo lejos, algunos barcos que asumí eran de la marina.
Los días posteriores, el clima no nos acompañó demasiado, ya que estaba lloviendo. En la tarde, nos reunimos con uno de nuestros amigos de la Comunidad Nelumbo, Vicente, quien nos conversaba vivencias personales. Para mí fue increíble conocer a una persona con la que hasta ese momento solo conocía virtualmente. Bien se sabe que en persona a mí me cuesta hablar mucho, pero sin embargo, fue un grato momento. Al día siguiente, conocimos a Manuel y Marcos, dos amigos de la Comunidad, con quienes también pasamos momentos gratos, compartiendo momentos de confianza. Junto con eso, en esos dos días también hemos comprado barajas de tarot y de oráculo para nuestras terapias de Tarot Transformacional.
El día sábado con la tía de Felipe fuimos a Pomaire, un lugar lleno de artesanía en greda, también es un lugar lleno de restaurantes con comida casera, tanto así que nos llevamos demasiados volantes. Luego fuimos a Melipilla, donde almorzamos y fuimos a una tienda de ropa americana. Aquel día, era el día siguiente al que se sabía lo del desborde del Mapocho. Ese día, nos llegó la notificación de la ONEMI sobre amenaza del desborde del río Maipo, que estaba al sur de Melipilla, pero estábamos lejos. En nuestro último día, solamente nos preparábamos para volver a nuestra realidad. a la vez que salimos con la tía de Felipe a dar nuestros últimos paseos por la ciudad.
Hay una sensación extraña que me dio durante nuestra estancia en Santiago. Y es que, como Santiago tiene muchas oportunidades y tiendas que por ejemplo Temuco no tiene, me dieron ganas de vivir ahí. Sin embargo, se reconsidera, ya que en Temuco a nuestro parecer todo queda más cerca, y es una ciudad relativamente más segura, ya que en Santiago nos daban la recomendación de cuidar nuestras pertenencias, sobre todo los celulares, debido a los múltiples robos que hay. Posiblemente me sienta conectado con Santiago, porque tengo parientes ahí, además que fue ahí donde nacimos mis hermanos y yo (pues mi madre pasaba ahí los últimos trimestres de sus embarazos, en aquel entonces mi familia vivía en Angol antes de venirmos a Temuco). Pero pasa demasiado que, aunque a uno le guste vivir en un nuevo lugar, siempre extrañará aquel donde antes vivía.
Sin duda ha sido una experiencia inolvidable que nos gustaría volver a repetir en un futuro cercano, quizás cuando el clima esté mejor. Pues las lluvias no fueron una buena compañía en esta ocasión para los últimos días de nuestra semana en Santiago.











