Por: Aníbal Molina

Cuando pequeños, siempre nos preguntaban “¿Quién te gusta?”. En ese momento, no nos gustaba nadie o sí había alguien que nos gustara, pero nos daba vergüenza decirlo. En mi caso, cuando pequeño, siempre decía que me gustaba una compañera, pero era porque si decía que no me gustaba nadie, no me creían o también quería que dejaran de preguntarlo. Pero era peor, me molestaban con aquella compañera y pasaban la voz.
Sin embargo, es cuando somos más grandes que empezamos a desarrollar sentimientos por otra persona, quien puede ser un(a) compañero(a) de clases, un(a) amigo(a) o incluso tu mejor amigo(a). Lo triste es que muchas veces no son sentimientos correspondidos, pues a esa persona le gusta otro(a) o ya tiene novio(a), o incluso terminó con el/la que antes tenía y todavía no lo/la puede superar. También muchas veces somos nosotros quienes rompemos corazones, ya que una persona nos conoce y nos revela que le gustamos, pero no sentimos lo mismo. Y es que muchas veces hablamos dos o tres palabras con esas personas, y nos dicen “me gustas”, “estoy enamorado(a) de ti”. Por lo general, pueden ser personas que no son muy maduras emocionalmente o acaban de sufrir una decepción amorosa. Pero también es posible que sus sentimientos sean verdaderos, solo que nosotros estamos tan enceguecidos por alguna situación que no nos damos cuenta.
De estas mil maneras, surgen las relaciones amorosas. Pero algunas tienen más éxito que otras. Aquellas que pueden comenzar bien y terminar mal, son conocidas como “relaciones tóxicas”, que por lo general se deben a las inseguridades de una de las partes. Los seres queridos de una de las partes pueden notar un cambio drástico en la personalidad de aquella persona e incluso notan que ésta se aísla. Sin embargo, en aquellas que son exitosas, todo va bien. Te sientes muy bien e incluso a veces hay aspectos negativos en ti que sientes la necesidad de cambiar, pues aquella relación te motiva a ser una mejor persona. Puede también haber discusiones por ciertos desacuerdos, pero a través del diálogo se resuelven.
Cuando las relaciones son muy exitosas, surgen dos términos: “Almas gemelas” o “El amor de tu vida”. Muchas veces esos términos se confunden entre sí, pero es como dice un dicho, “es lo mismo pero no es igual”. Pues el alma gemela llega a tu vida, pero si bien puedes formar una relación con esa persona, la relación no dura. Pues aquella persona te rompe para que puedas crear una mejor versión de ti mismo(a). En resumen, llegan para darte una lección de vida. En cambio, el amor de tu vida es aquel que llega para quedarse, que te acompañará durante toda tu vida, y con quien llegarás a cumplir tus sueños y metas más profundos.
Relacionado con eso, después de muchas relaciones, conoces a esa persona especial, aquella con la que te proyectas y quieres realizar todos sus sueños. Sin embargo, también es aquella persona que sabes que es para ti, o lo sientes o lo piensas, y llegas a decir “si no estoy con él/ella, no quiero estar con nadie”. También algo relacionado a eso. Y es algo que siempre se dice, y es que “el primer amor nunca se olvida”. Muchas veces, después de eso, vienen otros amores. Sin embargo, hay personas que se quedan solo con aquello, llamándolo su “primer y único amor”, y una vez separados, ya no quieres volver a vivir más relaciones así. También hay relaciones que surgieron en el pasado, pero por algún motivo (como la distancia, por ejemplo) no pudieron permanecer juntos. Sin embargo, muchos años después se vuelven a encontrar y la relación funciona.
Por último, las relaciones siempre tienen pilares fundamentales para que tengan éxito: comunicación, confianza, respeto e intimidad. Es fundamental que ambas personas se sientan cómodas expresando sus pensamientos, sentimientos y necesidades sin temor a ser juzgadas. También hay que tener la seguridad de que puedes contar con tu pareja, creer en su honestidad y sentirte seguro en la relación. También hay que valorar la individualidad, opiniones y decisiones del otro, así como tratar a la pareja con cortesía y consideración. Y siempre asegurarnos de compartir pensamientos profundos, sentimientos y sueños, además de tener una conexión y expresión de afecto a través del contacto físico.
Las relaciones amorosas pueden ser una fuente increíble de felicidad y crecimiento personal. Al centrarnos en la comunicación honesta, la empatía, la confianza y el apoyo mutuo, podemos construir conexiones amorosas sólidas y significativas que perduren a lo largo del tiempo. Aprovecha la oportunidad de nutrir el amor y la conexión emocional con tu pareja, sabiendo que una relación amorosa saludable es un viaje continuo de crecimiento y aprendizaje mutuo. ¡Que el amor siempre sea el cimiento que sostiene y embellece tu camino juntos!
“Llegamos a amar no al encontrar la persona perfecta, sino aprendiendo a ver como perfecto a alguien imperfecto” – Sam Keen.











